El astil de la balanza oscila y se asienta despacio, porque sobre el platillo derecho caen una tras otra semillas de algarrobo — las mismas a las que la unidad debe su nombre. En el centro descansa un rubí de talla brillante redonda: por sus facetas corren destellos, y un rayo blanco entra por la izquierda y sale por la derecha en abanico de cuatro colores, porque la piedra descompone la luz tan bien como un prisma. Abajo, el cursor de un calibre recorre la escala y se detiene justo en seis milímetros y medio — el diámetro con el que un brillante pesa un quilate.
Ficha de la unidad
Fuera del SI · magnitud: masa ficha 1/1 · rev. 2026-09Quilate ct
Unidad fuera del SI · magnitud: masa · exactamente 200 mg
La semilla que no resultó tan uniforme
Durante siglos los comerciantes del Mediterráneo equilibraron las piedras con semillas de algarrobo y transmitieron de generación en generación la creencia de que esas semillas tenían un peso asombrosamente constante y servían por eso como pesas. La bonita explicación resistió hasta dos mil seis, cuando por fin se pesaron las semillas por miles: la dispersión resultó corriente, cerca de una cuarta parte de la media, nada mejor que en guisantes o judías.
Así que no trabajaba la naturaleza, sino la costumbre: un puñado de semillas se promedia solo, y el comerciante que contaba una veintena ya se equivocaba poco, mientras que cada semilla por separado mentía sin pudor. La unidad se sostenía en el acuerdo de las partes y no en la exactitud del grano, y precisamente por eso hubo que fijarla al final como un número.
Se eligió un número redondo: doscientos miligramos, la quinta parte de un gramo. Es algo menor que los antiguos quilates de las ciudades con que se comerciaba en Londres, París y Ámsterdam, pero es igual en todas partes, y desde mil novecientos siete una piedra que vuela de un país a otro ya no cambia de peso en la frontera.
El símbolo se escribe con dos letras latinas minúsculas sin punto y se separa del número con un espacio: 1,25 ct. Las abreviaturas nacionales se admiten en el texto corrido, pero pasaportes y certificados usan el símbolo internacional, porque una piedra rara vez se queda en el país donde la pesaron.
El quilate de masa y el quilate del oro son cosas distintas con un antepasado común: el primero pesa doscientos miligramos, el segundo es la veinticuatroava parte de la ley de una aleación y no pesa nada. En inglés estadounidense se distinguen por la grafía, carat y karat; en español hay que mirar de qué se habla: en la piedra el quilate es peso, en la montura es ley.
01 · Definición
doscientos miligramos · densidad · escalones de precioEl quilate métrico es una masa de doscientos miligramos, fijada por acuerdo y no derivada de ninguna constante natural. La centésima parte de un quilate se llama punto y pesa dos miligramos, de modo que el peso de una piedra figura siempre en el certificado con dos decimales: 0,73 ct se lee setenta y tres puntos.
Conviene recordar que el quilate mide la masa, mientras que el comprador mira el tamaño, y entre ambos está la densidad. El corindón, del que están hechos el rubí y el zafiro, pesa alrededor de una séptima parte más que el diamante, y el berilo, es decir, la esmeralda, es en cambio casi una cuarta parte más ligero, de modo que tres piedras del mismo diámetro resultan en la balanza muy distintas.
De ahí la regla que el joyero repite cada día: un quilate no es un tamaño. Un zafiro de un quilate es bastante más pequeño que una esmeralda de un quilate, y el comprador acostumbrado a los brillantes se sorprende cada vez que recibe en la palma una piedra menor de lo esperado.
Existe también la treta contraria, de la que se habla menos. El tallador al que le toca un cristal algo pesado puede dejar el pabellón más profundo de lo debido: el diámetro no crece, pero el peso sí, y la piedra se vende al precio de una grande pareciendo pequeña. Ese peso oculto solo se ve en las medidas, y por eso un certificado serio indica siempre tres dimensiones en milímetros junto a los quilates.
Por qué piedras iguales pesan distinto
A la izquierda la piedra está dibujada a tamaño natural, desde arriba y de lado, sobre papel milimetrado: el control del diámetro la ensancha, el de la altura ahonda el pabellón, y ambos, junto con la densidad, dan la masa. A la derecha esa misma masa se convierte en dinero, y se ve lo principal: el precio no sube de forma suave, sino a escalones, porque el mercado paga los números redondos. La recta gris muestra lo que costaría la piedra si el quilate fuera solo una medida de peso y no un motivo de regateo; la distancia entre ella y la escalera azul es el sobreprecio por el peso redondo.
02 · Conversión
masa · tamaño de la piedra · quilates antiguosUn mismo peso en tres conversaciones
La primera pestaña reparte la masa introducida entre las unidades, del miligramo a la onza troy. La segunda responde a la pregunta del comprador: qué aspecto tiene una piedra así si es un diamante, un corindón o un berilo. La tercera pesa la misma piedra en quilates de ciudad, con los que se comerciaba antes de la reforma.
Una regla para recordar: cinco quilates son exactamente un gramo, y un brillante redondo de un quilate mide seis milímetros y medio de diámetro — más o menos como un guisante grande.
El peso total de una joya y el de su piedra principal son líneas distintas. La indicación «diamantes 1,00 ct» puede significar una sola piedra o cincuenta chispas en un pavé, y ambos casos difieren en precio unas treinta veces, aunque la balanza marque lo mismo.
| Magnitud | Valor | Nota |
|---|---|---|
| {k} | {v} | {note} |
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04 · Instrumentos de medida
balanza · micrómetro · tamices · hidrostáticaCuatro maneras de saber cuántos quilates tiene una piedra
Una balanza que teme al aliento
La piedra se pesa con una resolución de una milésima de quilate, es decir, dos diezmilésimas de gramo, y a ese nivel todo estorba: una corriente de aire desde la puerta, el calor de la mano, una mota de polvo en el platillo. Por eso la balanza se coloca en una vitrina sobre una mesa pesada, se deja que la piedra alcance la temperatura ambiente y las pesas se guardan en un juego verificado aparte, porque el coste de un error de un punto en una piedra grande supera con facilidad el precio de la propia balanza.
Cuando la piedra no puede salir de la montura
Una piedra engastada no se pone en la balanza, y sin embargo hay que conocer su peso, tanto para la tasación como para el seguro. Se toma entonces un calibrador de muelle con puntas, se miden el diámetro y la altura en la propia joya y se calcula la masa por la fórmula de la talla, con una corrección por el filetín. La precisión es de un tres a un cinco por ciento, y en el certificado ese peso se anota en una línea aparte con la palabra «estimado»: la diferencia entre peso medido y peso calculado es aquí esencial, porque el segundo siempre es algo discutible.
Piedras que se cuentan con tamiz
Pesar una a una chispas de dos o tres puntos no tiene sentido: llevaría un día, y todo el puñado vale poco. Esa menudencia se pasa por un juego de tamices con agujeros calibrados, y cada tamiz retiene su grupo de tamaño, al que se asigna enseguida un intervalo de peso. Luego el grupo se pesa entero y se divide por el número de piedras, de modo que en el albarán lo menudo figura no con el peso de una piedra, sino con el del lote y el tamaño medio: una costumbre que hace casi inútil comparar joyas por el peso total de sus piedras.
Una balanza que no revela el peso, sino la especie
La misma piedra se pesa dos veces, en el aire y suspendida en agua, y de la diferencia de lecturas se obtiene la densidad, y cada especie tiene la suya: tres y medio el diamante, exactamente cuatro el corindón, dos coma siete el berilo. El método es más antiguo que toda la óptica y sigue siendo insustituible, porque distingue piedras que bajo la lupa se parecen, por ejemplo el diamante y su doble de circonita cúbica, casi el doble de pesado, que se delata antes de haber brillado.
05 · Reglas de escritura
dos decimales · redondeo hacia abajoCentésimas que no se redondean hacia arriba
Las reglas de uso del quilate sirven casi por entero a un solo fin: impedir que una piedra se haga pasar por mayor de lo que es. De ahí la escritura en centésimas, el redondeo hacia abajo y la advertencia obligatoria de si la piedra se pesó o se calculó por sus medidas.
La segunda línea de la derecha no es una manía, sino el error más rentable del oficio: cruzar un peso redondo sube el precio de una piedra en una cuarta parte, de modo que redondear hacia arriba cuatro milésimas de quilate vale más que todo el resto del lote. La tercera dice lo mismo desde el otro lado: la palabra «casi» en un peso no significa nada y está prohibida en los certificados. La sexta parece una minucia, pero son justamente los ceros tras la coma los que muestran que la piedra se pesó al punto y no se nombró a ojo.
06 · Unidades vecinas
grano · onza · leyEn torno al quilate se apiñan unidades con las que se lo confunde a diario: el grano de perla, que es un cuarto de quilate; la onza troy, que contiene más de ciento cincuenta; y el quilate del oro, que no tiene nada que ver con la masa.
Un cuarto de quilate, la unidad del comercio de perlas. Las perlas no se tallan, pero se pesan del mismo modo, y los viejos inventarios de collares aún se llevan en granos.
La medida de los metales preciosos: contiene exactamente 155,517 quilates. La piedra se cuenta en quilates, la montura en onzas, y la cuenta de una sola joya llega en dos sistemas distintos.
La proporción de oro puro en una aleación: dieciocho quilates son dieciocho partes de veinticuatro, es decir, ley 750. La magnitud es adimensional, pero comparte nombre con una medida de peso.
07 · Sección histórica
archivo · de la semilla al acuerdoCómo cada ciudad tenía su quilate
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Mientras cada ciudad mantuvo su quilate, una piedra grande vendida en Viena y vuelta a pesar en Florencia ganaba casi un cinco por ciento de peso, y las disputas por ello eran materia corriente de la correspondencia mercantil.
La leyenda de la semilla constante
La tradición dice que las semillas de algarrobo pesan todas igual, y que por eso un comerciante antiguo podía ponerlas en el platillo en lugar de pesas sin riesgo de engaño. La leyenda es bonita, vive en todos los catálogos y se resistió a la comprobación sencillamente porque a nadie se le ocurrió comprobarla.
En dos mil seis unos biólogos pesaron por fin varios miles de semillas recogidas de árboles del Mediterráneo y hallaron la dispersión más corriente: cerca de una cuarta parte del peso medio, exactamente lo mismo que en las semillas de otras leguminosas. La media resultó, en efecto, cercana a dos décimas de gramo, pero una semilla podía pesar la mitad que su vecina.
La clave es que el comerciante nunca usaba una sola semilla. Tomaba un puñado, y un puñado promedia, de modo que el error de cuenta caía en proporción a la raíz del número de granos; con una veintena de semillas ya no pasaba de unos pocos por ciento, lo que para un trato era aceptable. La precisión no la creaba la naturaleza, sino la aritmética de los grandes números, de la que las partes no sospechaban nada.
La historia es instructiva también fuera de la joyería: una unidad vivió dos milenios de una explicación que resultó falsa y no sufrió lo más mínimo por ello, porque se sostenía en el acuerdo de las partes. Cuando hubo que escribir el acuerdo como número, la semilla fue enviada discretamente al diccionario etimológico, y el quilate pasó a ser exactamente doscientos miligramos.
Catálogo de magnitudes
masa, ley y joyeríaUnidades básicas del SI
resaltados el kilogramo y el metro — peso y medidas de la piedraPiedras por peso
gramos y diámetro calculados a partir de los quilates| Piedra | Quilate | Gramo | Ø de la piedra redonda, mm | Qué la distingue |
|---|---|---|---|---|
| {name} | {ct} | {g} | {d} | {note} |
Fíjese en la última columna: la masa crece como el cubo del diámetro, de modo que una piedra el doble de ancha pesa ocho veces más. Es esta dependencia cúbica la que hace tan raras las piedras grandes: para duplicar el diámetro, la naturaleza tiene que reunir ocho veces más materia en un solo cristal sin una sola grieta.