La hora-hombre y el día-hombre
Unidad ajena al sistema · magnitud: la carga de trabajo, el número de trabajadores por el tiempo
En 1975 Frederick Brooks, que había dirigido el desarrollo del sistema operativo para las máquinas de IBM, expuso una conclusión que le había costado cara: añadir gente a un proyecto atrasado lo atrasa todavía más. La causa está en la unidad misma con la que él y sus superiores medían el trabajo. El mes-hombre se suma de maravilla y se divide con igual facilidad, y justo en esa facilidad está la trampa.
La magnitud está construida del modo más sencillo: una persona que trabaja una hora gasta una hora-hombre, y ocho horas de esas se toman por un día-hombre. De este producto nace toda su doblez. Como medida del trabajo ya gastado es honrada e insustituible: por ella se calculan los salarios, se establecen los costes, se norman los rendimientos y se compara la productividad de los talleres.
01 · Definición
La hora-hombre es la carga de trabajo de un trabajador durante una hora de trabajo; la magnitud resulta de multiplicar el número de empleados por el tiempo trabajado, y por eso expresa por igual ocho personas durante una hora y una persona durante una jornada. Un día-hombre equivale a ocho horas-hombre, y un año-hombre se toma en unas 1720 horas-hombre — la misma cifra que está detrás de un equivalente a jornada completa.
El valor de esta unidad está en su aditividad: las cargas de trabajo de distintos tramos, turnos y oficios se suman sin reserva alguna, y por eso con ellas se calcula el coste, se paga, se norma el rendimiento y se compara la productividad de los talleres entre sí. Aquí la hora-hombre se comporta como una magnitud física de pleno derecho, y nada en la aritmética delata la desgracia que aguarda al otro lado.
La dificultad aparece cuando el mismo producto se lee al revés y se divide por el número de trabajadores para obtener un plazo. Tal división es lícita solo bajo dos condiciones: el trabajo ha de fraccionarse en partes independientes y los trabajadores han de ser intercambiables. En los movimientos de tierra ambas condiciones casi se cumplen; en el diseño, en la escritura o en ponerse de acuerdo sobre lo que sea, no se cumplen ni de lejos.
Hablando con rigor, esta unidad no mide ni el trabajo en sentido físico ni el tiempo: registra la presencia de una persona en el puesto previsto durante una hora. De ahí que no pueda comprobarse con un aparato ni verificarse en una muestra — solo cabe cotejarla con la hoja de asistencia, y hasta qué punto la hoja responde a lo realmente hecho es una cuestión ajena a la metrología.
Un mismo trabajo de ciento sesenta horas-hombre se reparte entre un número cada vez mayor de trabajadores. La curva azul es el plazo de calendario: primero baja casi en proporción inversa, luego tropieza con la parte indivisible y después sube, porque la concertación devora más de lo que aporta un par de manos de más. La carmesí es la carga según la hoja: solo crece.
El número de enlaces no crece como el número de participantes sino como sus emparejamientos: con tres trabajadores hay tres enlaces, con cinco ya diez, con diez cuarenta y cinco. De ahí que cada persona siguiente le cueste al grupo más que la anterior, y en el papel nada de esto se ve, puesto que las horas-hombre se suman parejas por muchos que se pongan a la faena.
02 · Conversión
Carga, plantilla, orden de trabajo
Introduzca una carga de trabajo en las unidades que quiera y la ficha la convertirá a las demás, mostrará en qué se convierte al llevarla a plantilla y en qué al normarla y pagarla. La primera familia es exacta por convenio, la segunda depende del fondo anual adoptado, la tercera de la categoría y la tarifa.
El fondo anual se toma por defecto en 1720 horas-hombre; en los ajustes finos puede cambiarse a 2080 — un año natural sin descontar las vacaciones.
La hora-hombre resulta cómoda para el informe justo por aquello que la hace peligrosa para el plan: se suma sin atender a qué hace la persona ni a cuán diestra es. Por eso en un presupuesto veinte días-hombre de un aprendiz y veinte de un maestro se ven iguales, aunque el trabajo saldrá distinto — para eso se inventaron los coeficientes de categoría.
| Valor | Nota | ||
|---|---|---|---|
| {u} | {name} | {value} | {note} |
03 · Órdenes de magnitud
escala logarítmica: de la hora a la pirámide04 · Instrumentos de medida
Con qué se cuenta lo trabajado
El documento principal del que precisamente salen las horas-hombre: una marca de asistencia por cada turno y, a fin de mes, un total en la línea. Cuesta llamarlo aparato, y sin embargo es él quien hace las veces de patrón, pues no hay otra cosa con que cotejar la carga de trabajo: lo que se mide no es el trabajo sino la presencia en el puesto previsto.
Frank y Lillian Gilbreth, cronómetro en mano, descompusieron el trabajo del albañil en movimientos separados y, quitando los superfluos, redujeron la colocación de ladrillos casi a un tercio. De ahí vienen los tiempos asignados: la hora-hombre dejó de ser una simple marca de asistencia y recibió contenido — tantas piezas, metros o signos por hora.
En la orden de trabajo consta cuántas horas-hombre corresponden a la faena según la norma, y por ella misma se cierra. La unidad funciona aquí al revés, fijando no el hecho sino la obligación, y por eso detrás de las normas hay compendios enteros donde para cada operación se indican una categoría y un gasto de tiempo por unidad de producción.
La hoja de asistencia de hoy se lleva en un programa, y el mismo programa cuenta el tiempo imputado a tareas, proyectos y clientes. La precisión de las marcas engaña: la persona las anota de memoria al final del día, y así una suma de seis cifras de horas-hombre se compone de medias horas redondeadas y se apoya en la escrupulosidad exactamente hasta donde esta alcanza.
05 · Reglas de escritura
El guion, la abreviatura y el punto
Se escribe con guion, se abrevia «h-h» y «d-h», y en ruso solo la segunda parte se declina. El número de trabajadores y el tiempo se dan por separado si el plazo importa, pues del producto solo no se reconstruye. Poner una unidad de tiempo en lugar de la carga de trabajo no está permitido: una hora y una hora-hombre son magnitudes distintas.
La primera escritura mezcla el plazo con la carga de trabajo, y de ella no se saca si se hablaba de una semana de trabajo de una cuadrilla de cuatro o de cuatro días de una cuadrilla de cinco. La segunda declina la primera parte, cosa que no se hace en esta palabra compuesta. La tercera convierte el producto en plazo por división, y tal división es lícita solo si el trabajo se divide. La cuarta omite la unidad por entero.
06 · Unidades vecinas
Al lado están las unidades que miden ese mismo trabajo de otro modo: el equivalente a jornada completa traduce la carga en número de empleados fijos, una estimación en puntos convencionales renuncia adrede a las horas, y la hora normalizada fija no el hecho sino el tiempo asignado por la norma.
1720 h-h al año
asignado, no gastado
sin unidad de tiempo
De las fichas de Simetrium están al lado hora y día, de las que la unidad está hecha, semana con su tiempo de trabajo y su tiempo libre, año, que fija el fondo anual, y ciclo de reloj, donde rige la misma desgracia: sumar es fácil, dividir no siempre sale.
07 · Sección histórica
Una unidad que se suma pero no se divide
Frederick Taylor se puso a medir cuánto tiempo llevaba de verdad cada operación y halló que las tarifas de los talleres venían de la costumbre y no de la observación. El trabajo se descompuso en movimientos, a los movimientos se les asignaron tiempos, y la carga de trabajo se volvió por primera vez una magnitud que se cuenta en lugar de estimarse a ojo.
Los Gilbreth filmaban a los albañiles y descomponían la colocación elemento por elemento, buscando inclinaciones y recogidas inútiles. Al quitarlas y alzar el palé a una altura cómoda triplicaron el rendimiento — y mostraron con ello que la hora-hombre no es una constante sino que depende de cómo esté dispuesto el puesto de trabajo.
Brooks, al examinar un retraso de varios años en un sistema operativo, nombró la causa en la fábrica misma de la unidad: al equiparar personas con meses, la dirección las tuvo por intercambiables. De ahí la conclusión que se hizo ley: añadir manos a un asunto atrasado agranda el retraso, pues a los recién llegados hay que enseñarles, y esa enseñanza ocupa a quienes ya saben.
En la contabilidad y en los informes la hora-hombre no se ha ido a ninguna parte: por ella se calculan el coste, la carga y las estadísticas de empleo de países enteros. Pero planificar plazos con ella se ha dejado — donde el trabajo se divide mal se toman, en vez de horas, puntos convencionales, despojados adrede de unidad de tiempo para que nadie se tiente a dividirlos por personas.
Una magnitud cuya aritmética funciona en un solo sentido
La hora-hombre está construida como un producto corriente y por eso parece del todo inofensiva, pero esa inocuidad es de un solo lado. La suma aquí es impecable: el trabajo de distintos turnos, tramos y oficios se acumula, y la cifra obtenida dice con honradez cuánto recurso se ha gastado. La división, en cambio, exige lo que el producto no contiene — el saber si el trabajo se descompone siquiera.
Por eso esta unidad sirve de ejemplo de cómo la forma de escribir sugiere la operación equivocada. Nadie irá a dividir grados por aparatos, y sin embargo horas-hombre se dividen por personas a todas horas, porque la dimensión lo permite y la calculadora no protesta. Brooks, al examinar su propio fracaso, llamó mito a semejante cuenta — y el nombre se quedó pegado a la unidad entera.
Catálogo · unidades de medida
Una ficha para cada magnitud
Siete unidades básicas del SI, veintidós derivadas con nombre propio y magnitudes ajenas al sistema sin las cuales no funcionarían ni la técnica ni el calendario.