La aguja del manómetro sube, se detiene junto al sector rojo, cae cada vez que arranca una herramienta y vuelve a subir, ciclo tras ciclo. Abajo a la izquierda se llena el depósito, el aire sale silbando de un racor, a la derecha golpea una llave de impacto y una marca azul recorre la escala de medida de borde a borde. El sector rojo no late por adorno: tras él está el tarado de la válvula de seguridad.
Ficha de la unidad
Neumática estadounidense ficha 1/1 · rev. 2026-09Libra por pulgada cuadrada
psi · unidad fuera del SI · presión · 6894,757 293 Pa
La unidad que se oye
En un taller estadounidense la presión se oye más que se lee: el compresor del rincón sube hasta ciento treinta y cinco y se calla, la manguera bajo el techo silba en un acople, la llave de impacto toma sus noventa y tira la aguja veinte abajo, y el motor vuelve a despertar. Toda esa coreografía está graduada en libras por pulgada cuadrada, y ningún sistema de unidades ha logrado reescribirla todavía.
La unidad está hecha sin rodeos: una libra de fuerza aplicada sobre una superficie de una pulgada cuadrada. De esa sencillez nació toda una cultura técnica —neumáticos, mangueras, racores, herramientas neumáticas, hidráulica, pruebas de tuberías—, y cada objeto lleva en ella un número que el mecánico guarda en la cabeza como un músico guarda la afinación.
Aquí hay una sola trampa, pero vale la pena recordarla para siempre: el manómetro mide el exceso sobre la atmósfera. Noventa en la esfera son ciento cinco absolutos, y todo cálculo de reserva de aire, de caudal por una boquilla o de trabajo de compresión exige precisamente el valor absoluto; por eso a la unidad se le pegaron los sufijos: g por el manómetro, a desde el vacío.
Se escribe en minúsculas y sin punto, y el sufijo va pegado: psig — manométrica, psia — absoluta, psid — diferencial. Donde el nombre completo resulta engorroso, la documentación traducida conserva el psi latino, mientras que escribirlo como la letra griega resulta extraño y solo sirve para la conversación.
El manómetro indica el exceso sobre la atmósfera, no la presión total, y por eso noventa psi en la esfera significan ciento cinco absolutos: al ajustar un regulador la diferencia da igual, pero en un cálculo de reserva de aire o de caudal por una boquilla es obligatoria. Y segundo: psi es presión y cfm es caudal, y el compresor se elige por el caudal, aunque en el taller siempre se discute sobre la presión.
01 · Definición
libra por pulgada · depósito · caudal frente a presiónLa libra por pulgada cuadrada es la presión que crea una fuerza de una libra repartida sobre una superficie de una pulgada cuadrada. Como la libra-fuerza se define mediante la libra internacional de masa y la gravedad normal, y la pulgada mide exactamente veinticinco coma cuatro milímetros, toda la unidad se expresa en pascales con un número exacto y no tiene patrón propio.
La neumática práctica vive de dos números a la vez, y no hay que confundirlos. El primero es la presión, esos psi sin los que una herramienta simplemente no funciona. El segundo es el caudal, los pies cúbicos por minuto que la herramienta consume mientras trabaja. Una llave de impacto y un martillo demoledor piden los mismos noventa psi, pero el segundo consume cuatro veces más aire, así que un compresor que aprieta tuercas de maravilla no podrá con el martillo con ningún ajuste del regulador.
El depósito suaviza la diferencia, pero no por mucho tiempo. La reserva de aire libre en él es su volumen multiplicado por la caída de presión en atmósferas, y un depósito de treinta galones cargado de ciento treinta y cinco a noventa y cinco psi guarda unos once pies cúbicos, aproximadamente medio minuto de trabajo del martillo. Después todo depende del caudal del compresor, y si es menor que el consumo de la herramienta, la aguja bajará sin remedio.
De ahí la regla de taller: el compresor se elige por el caudal con un margen de aproximadamente una vez y media, la presión se fija según la herramienta más exigente y se baja en cada punto con reguladores. El sector rojo del manómetro tampoco es un adorno: tras él está el tarado de la válvula de seguridad, fijado por las normas de recipientes a presión, no por el fabricante de la manguera.
¿Aguantará el compresor?
A la izquierda, manómetro y depósito: la herramienta está en marcha, el aire se va y la aguja cae de ciento treinta y cinco psi hacia el umbral por debajo del cual ya no se puede trabajar, mientras el motor devuelve solo lo que puede. A la derecha, el mismo proceso en el tiempo: la curva amarilla de presión frente a la línea roja del umbral y dos barras de caudal. Mueva el caudal del compresor: mientras sea menor que el consumo de la herramienta, la curva llegará sin falta a la línea, y la única pregunta es tras cuántos segundos; en cuanto el caudal supera el consumo, la curva se estabiliza y la herramienta trabaja sin parar.
02 · Conversión
presión · manómetro y vacío · tallerUna presión en tres conversaciones
La primera pestaña reparte la presión introducida entre las unidades. La segunda la convierte entre las escalas manométrica y absoluta y de paso muestra qué cambia con la altitud. La tercera calcula aquello para lo que la unidad se mantiene en el taller: fuerza sobre un pistón, reserva de aire y par de apriete.
Regla para recordar: un bar son unos catorce psi y medio, y cien psi, algo menos de siete bar.
Los catálogos indican el consumo de las herramientas de maneras distintas: unos fabricantes dan el consumo medio en uso normal, otros el instantáneo en trabajo continuo, y la diferencia entre esas cifras puede ser del doble. Comparar compresor y herramienta solo tiene sentido cuando ambas cifras están referidas a las mismas condiciones de entrada.
| Magnitud | Valor | Nota |
|---|---|---|
| {k} | {v} | {note} |
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04 · Instrumentos de medida
tubo de Bourdon · presostato · manómetro de neumáticos · balanza de presiónCuatro maneras de atrapar la presión
El arco que se endereza
Dentro de casi cualquier manómetro hay un tubo de latón aplanado en sección y curvado en arco: bajo presión tiende a enderezarse, y ese movimiento, a través de una biela y un sector dentado, gira la aguja. El dispositivo ha sobrevivido siglo y medio sin cambios porque no necesita alimentación y trabaja honradamente en la suciedad del taller; el precio es una exactitud de alrededor del dos por ciento del fondo de escala, por lo que un manómetro de trescientos psi no sirve para controlar treinta.
Un aparato que toma decisiones
El presostato no muestra la magnitud: la compara con dos consignas y manda sobre el motor, de modo que la presión del depósito siempre va en diente de sierra entre el umbral inferior y el superior. La separación entre consignas no es casual: demasiado estrecha hace que el motor arranque cada pocos segundos y se caliente; demasiado ancha deja caer la presión por debajo de la que necesita la herramienta. De ahí la pareja típica: ciento cinco y ciento treinta y cinco.
Treinta y dos en un neumático frío
La presión de los neumáticos se indica para el neumático frío, y no es una manía: tras una hora de marcha el aire interior se calienta y la presión sube unos cuatro psi, así que «soltar lo que sobra» en la gasolinera después del viaje garantiza una rueda baja de presión. La cifra del marco de la puerta es del coche, no del neumático, mientras que el número moldeado en el flanco es el máximo que el neumático soporta, y no debe tomarse como presión de trabajo.
La definición, montada sobre la mesa
La balanza de presión reproduce la definición de la unidad al pie de la letra: sobre un pistón de superficie conocida se colocan pesas certificadas, y la presión del aceite bajo él es igual a su peso dividido por esa superficie. La incertidumbre de un montaje así está en centésimas de por ciento, por eso sirve de patrón para todos los manómetros de taller, y no lleva electrónica alguna: solo masa, superficie y gravedad.
05 · Reglas de escritura
psi · psig · psia · sufijo pegadoLa letra tras la unidad lo decide todo
Formalmente los sufijos g y a no forman parte del símbolo de la unidad y los metrólogos los miran con recelo, pero la neumática no puede prescindir de ellos, porque si no, no se sabe desde qué cero se cuenta la presión.
El primer error deja al lector adivinando el cero de referencia, y en un cálculo de compresión eso da de golpe un fallo de quince unidades. El segundo estropea el símbolo, que se escribe en minúsculas y sin punto. El tercero y el cuarto son un mismo mal: una presión alta en la placa no dice nada de la capacidad de alimentar una herramienta, porque la alimenta el caudal. El quinto toma como presión de trabajo del neumático su presión máxima, cuando la de trabajo en frío figura en el marco de la puerta del coche. El sexto redondea el coeficiente hacia el lado peligroso: en la prueba de una tubería, el medio por ciento perdido se suma a la tolerancia del manómetro y el margen de seguridad se esfuma sin que nadie lo note.
06 · Unidades vecinas
bar · pascal · pulgada de mercurioAlrededor del psi ha crecido una familia de unidades de presión, cada una al servicio de su propio sector: el bar arraigó en la neumática europea, el pascal se quedó en los cálculos, la pulgada de mercurio vive en la técnica de vacío y la aviación. Pasar de una a otra solo requiere factores sencillos, y el tormento empieza donde dos escalas coinciden en un mismo plano.
La respuesta europea a la misma pregunta: cien mil pascales redondos, casi una atmósfera. La neumática del Viejo Mundo está graduada en bar, y por eso una misma herramienta lleva dos números en la carcasa.
La unidad del sistema a la que el psi está ligado por un número exacto. Para el taller es demasiado pequeña: la presión de trabajo de una herramienta resulta en seiscientos veinte kilopascales, y la cifra no se queda en la memoria.
La unidad de la parte de vacío de la escala y de los partes aeronáuticos estadounidenses: «veintinueve noventa y dos» es la presión atmosférica normal expresada como altura de una columna de mercurio en pulgadas.
De los pasaportes de Simetrium están al lado milímetro de mercurio y caballo de vapor: ambas, como el psi, se sostienen no por el rigor de su definición, sino porque instrumentos, catálogos y costumbres de sectores enteros están graduados para ellas.
07 · Sección histórica
archivo · de las calderas de vapor al taller neumáticoUna unidad nacida de las explosiones
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Las tres primeras barras casi se confunden junto al eje, y es una imagen honesta: toda la neumática de taller ocupa una franja estrecha al pie de la escala, mientras que una botella de respiración llega a tres mil.
Por qué el taller no se pasó a los pascales
Estados Unidos adoptó oficialmente el sistema métrico como preferente ya en los años setenta, pero convertir la neumática no exige cambiar tablas, sino hierro: manómetros, reguladores, racores, catálogos de herramientas y materiales de formación están graduados en psi, y mientras una sola manguera del taller lleve la escala antigua, las unidades mezcladas son más peligrosas que las incómodas.
Es revelador que en la propia América el cambio sí avanza, pero por sectores: los gases medicinales, la industria aeroespacial y los laboratorios científicos pasaron a los pascales hace tiempo, mientras que los talleres de automóviles, la construcción y la carpintería se aferran a sus noventa psi. La frontera pasa por donde el documento sobrevive a la herramienta: donde un plano vive décadas, la unidad se cambia; donde vive la costumbre de la mano, no.
Metrológicamente, en cambio, la unidad es impecable y bien moderna: se expresa mediante el pascal con un número exacto, se reproduce con una balanza de presión a centésimas de por ciento y no requiere mercurio, ni agua, ni condiciones especiales. La disputa no es sobre física, sino sobre cuánto cuesta reeducar las manos, y hasta ahora gana la costumbre.
Catálogo de magnitudes
presión, caudal y neumáticaUnidades básicas del SI
resaltados: kilogramo, metro y segundo, con los que se construye el pascalCuánto necesita cada uno
los bar y la autonomía se calculan a partir de las primeras columnas| Consumidor | psi | bar | cfm | Observación | |
|---|---|---|---|---|---|
| {name} | {psi} | {bar} | {cfm} | {run} | {note} |
La penúltima columna calcula cuántos segundos funcionará la herramienta con una carga del depósito sin ayuda del compresor, y es ella la que explica la jerarquía del taller: a una grapadora le basta cualquier depósito para medio día, una pistola de pintura necesita un flujo continuo, y un martillo demoledor vacía treinta galones antes de que uno acabe de apuntar. La presión es casi la misma para todos; la diferencia está en el caudal.